El caso. Mapfre quiere estimar el coste esperado de siniestro (y, en miles de €) según la antigüedad del carné del conductor (x, estandarizada en [0,1]). Un solo árbol de decisión es inestable: cambia mucho si cambias los datos. La idea del random forest es entrenar muchos árboles sobre remuestreos bootstrap de la cartera y quedarte con su promedio.
Lee así. Los puntos grises son la cartera; las líneas grises tenues son unos pocos árboles individuales (escalonados); la línea dorada gruesa es la media del bosque y la línea discontinua negra es la f verdadera. Al mover B se enciende el término B de las dos ecuaciones.
La idea. Un árbol de regresión es un buen predictor con baja tendencia pero alta varianza: reordena los datos y te da otra cosa. El bagging (bootstrap + averaging) entrena B árboles sobre remuestreos y promedia. La varianza del promedio cae como 1/B… hasta un suelo.
El suelo. Ese suelo horizontal es ρσ². Existe porque los árboles no son independientes: entrenados sobre remuestreos de la misma cartera, se parecen (correlación ρ > 0). Por muchos árboles que añadas, no bajas de ahí. Añadir árboles cuesta cómputo y ya no mejora.
El truco extra. Para descorrelacionar los árboles y bajar ρ (y con ello el suelo), el random forest submuestrea también las variables en cada corte. Menos ρ → suelo ρσ² más bajo → mejor bosque. Eso separa un random forest de un simple bagging de árboles.
Negocio. Cambias varianza por estabilidad: el coste estimado de siniestro deja de bailar con cada muestra nueva y es auditable y reproducible, justo lo que una aseguradora necesita para tarificar.