El caso. El Corte Inglés quiere saber si un cliente comprará un producto premium. De cada cliente conoce dos señales: gasto medio mensual (x1) y nº de visitas (x2). kNN no entrena nada: para un cliente nuevo (punto dorado) mira a sus k clientes más parecidos y copia lo que hicieron.
Lee así. El fondo pinta la decisión de kNN en cada zona (dorado = compra). Las líneas unen al cliente con sus k vecinos que votan. Sube k y el término Nk de la ecuación se enciende.
La idea. kNN es un modelo perezoso: no aprende parámetros, guarda los datos y decide en el momento por semejanza. Toda la magia está en la distancia y en k.
Negocio. Sirve para recomendar ("clientes como tú compraron…") y para scoring rápido cuando tienes buenos históricos y pocas dimensiones. Ojo: hay que escalar las variables, o el euro aplastará al número de visitas.
El dial clave. k gobierna el equilibrio sesgo–varianza: k pequeño se ajusta al ruido (sobreajuste), k grande difumina la frontera (subajuste). Se elige por validación, como un hiperparámetro.
Y ahora. Los árboles del siguiente tema también parten el espacio en regiones, pero con reglas legibles en vez de distancias.