Magnifica Humanitas dice en lenguaje pastoral lo que el aceleracionismo libre y anarquista formaliza en lenguaje de protocolo: IA (y pronto robótica) como commons para la dignidad del ser humano y el bien común.
Foto: Diego Delso, delso.photo · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0
¿Utópico? Sí. ¿Posible? Si la gente lo quisiera, también. Pero lo tiene que decidir libremente la gente. Nunca debería ser impuesto. Mal asunto históricamente han tenido todas las utopías impuestas.
León XIV firma hoy su primera encíclica el aniversario 135 de la Rerum Novarum. Aquella respondió a la revolución industrial. Esta responde a la IA. Y dice, en esencia, algo que ya está formalizado en el lenguaje técnico de la gobernanza de comunes: que los algoritmos, los datos y las plataformas son bienes destinados a todos, y que concentrarlos en pocas manos contradice la justicia.
La misma idea, dos idiomas
Ostrom demostró que las comunidades pueden gobernar recursos compartidos sin privatizarlos ni estatizarlos, si cumplen ocho principios de diseño: límites claros, reglas proporcionales, participación en la modificación de normas, monitoreo, sanciones graduales, resolución de conflictos barata, autonomía reconocida, y organización anidada. Linux, Wikipedia, Mondragon, guifi.net llevan décadas demostrando que eso escala.
León XIV dice lo mismo pero en otro registro:
Es el destino universal de los bienes aplicado a lo digital. En lenguaje de protocolo: interoperabilidad obligatoria, portabilidad de datos, estándares abiertos. No como capricho técnico sino como exigencia de justicia. El aceleracionismo libre lo especifica capa por capa (energía, fabricación, alimento, comunicación, conocimiento, gobernanza) siguiendo exactamente los principios de Ostrom. La encíclica lo proclama como mandato moral. El contenido es el mismo.
El diseño ya es política
La encíclica rompe con la idea de que la tecnología es neutra:
Esto es exactamente lo que formalizamos como especificaciones de ingeniería: que ningún operador pueda impedir la salida de los usuarios (no dominación), que las reglas sean públicas (transparencia), que cualquiera pueda migrar a un proveedor alternativo (sustituibilidad). No son valores abstractos: son propiedades verificables de un sistema. Si tu plataforma las cumple, la exclusión es arquitectónicamente imposible. Si no las cumple, da igual cuánta ética declares en tu página web.
«Desarmar» la IA como se hizo con la energía nuclear
El Papa usa una metáfora potente: desarmar la IA, liberarla de la lógica de competición armada. La energía nuclear también era de doble uso y se construyeron instituciones para separar la bomba del reactor. La IA necesita algo equivalente: infraestructura abierta y federada donde ningún actor pueda cercar el acceso. Eso no es una utopía: es cómo funciona internet, cómo funciona el correo electrónico, cómo funciona Linux. Es una decisión de diseño, no un sueño.
El trabajo con sentido viene después de la libertad material
León XIV advierte que sacrificar empleos por beneficios es tratar a la persona como medio. De acuerdo. Pero la mayor parte del trabajo remunerado actual no es actividad con sentido: es necesidad impuesta por la escasez. Si la automatización se gobernara como commons, no produciría desempleo sino tiempo. Quien es libre de la precariedad es libre para el trabajo con sentido, el cuidado, la creatividad, la contemplación. No libre del trabajo, sino libre para elegirlo.
Convergencia, no fusión
La encíclica se presentó junto a Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Un Papa y un ingeniero de IA ateo, juntos en el estrado. Eso materializa algo que venimos diciendo: un marco que pueda hablar al hacker y a la parroquia, a la cooperativa y a la congregación, tiene mucho más alcance que uno que exija pureza ideológica.
No se trata de que la Iglesia se haga anarquista ni de que el anarquismo se haga católico. Se trata de que cualquier tradición que ponga la dignidad como criterio no negociable llega, por caminos distintos, a la misma conclusión: la IA o se gobierna como bien común o concentra poder. No hay tercera opción.
¿Utópico? Sí. ¿Posible? Si la gente lo quisiera, también. Pero lo tiene que decidir libremente la gente. Nunca debería ser impuesto. Mal asunto históricamente han tenido todas las utopías impuestas.
La abundancia material ya es técnicamente alcanzable: la energía solar es la más barata de la historia, los modelos de IA de pesos abiertos existen, las cooperativas industriales facturan miles de millones, las redes federadas funcionan. Lo que falta no es tecnología. Lo que falta es que decidamos, libremente, que los frutos de la automatización sean de todos. Que cada persona tenga el tiempo, la seguridad y la autonomía para dedicarse a lo que realmente importa: cuidar, crear, contemplar, querer. Eso no es un sueño. Es una decisión de diseño.
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