Nota · Filosofía analítica

Sobre la pretendida cuestionabilidad moral del uso de IA como apoyo en la redacción de manuscritos

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Salida de carretera abandonada y cubierta por kudzu, naturaleza reconquistando la infraestructura humana

Foto: trukdotcom · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0

Existe un prejuicio ampliamente extendido según el cual servirse de sistemas de inteligencia artificial para apoyar la redacción de un artículo o manuscrito constituye una práctica moralmente cuestionable. Este texto sostiene, con los estándares argumentativos de la filosofía analítica, que tal intuición es una falacia; y más aún, que bajo compromisos meta-éticos robustos —en concreto, el realismo moral fuerte— dicho uso constituye un bien en sí mismo.

Desambiguación previa

Por uso de IA como apoyo entendemos aquí todo empleo en el que (i) el autor conserva la agencia epistémica —formula las tesis, dirige los argumentos y asume la responsabilidad del contenido—, y (ii) la herramienta opera como amplificador cognitivo: corrección, reformulación, búsqueda, síntesis, verificación. Queda excluida la suplantación íntegra del autor, que sería un problema distinto —de índole fraudulenta— y no el que aquí se discute.

El argumento

Asumamos, en el marco del realismo moral robusto, la tesis de que existen bienes epistémicos objetivos —la verdad, la claridad, la difusión del conocimiento— y que toda acción que contribuya a ellos de manera no engañosa es, por ello mismo, moralmente buena. Sobre esa base, el razonamiento es el siguiente:

Silogismo

P1. Si una acción contribuye de modo no engañoso a la realización de bienes epistémicos objetivos (verdad, claridad, accesibilidad del conocimiento), entonces esa acción es moralmente buena.

P2. El uso de la IA como apoyo en la redacción de un manuscrito —bajo las condiciones de agencia epistémica y transparencia ya delimitadas— contribuye de modo no engañoso a la realización de dichos bienes epistémicos objetivos: reduce errores, mejora la claridad expositiva y amplía la capacidad del autor para comunicar proposiciones verdaderas.


Por tanto, el uso de la IA como apoyo en la redacción de un manuscrito es moralmente bueno.

El argumento es un modus ponens impecable: si se aceptan P1 y P2, la conclusión se sigue con necesidad lógica. Discutir la tesis obliga, por tanto, a impugnar alguna de las dos premisas.

Por qué el reparo común es falaz

El rechazo habitual se apoya en dos líneas, ambas defectuosas. La primera es una analogía con el plagio: pero el plagio lesiona bienes epistémicos precisamente porque introduce engaño —atribución falsa de autoría—, mientras que el uso transparente de la IA como herramienta no lo introduce, igual que no lo hacen el corrector ortográfico, el buscador bibliográfico o el colega que lee un borrador. La segunda es una apelación a la autenticidad del autor, pero la autenticidad no es un valor moral fundamental en ningún sistema meta-ético serio: es, a lo sumo, una preferencia estética, y una preferencia estética no puede sobreponerse a bienes objetivos como la verdad.

Corolario

La conclusión tiene consecuencias prácticas fuertes. Rechazar el uso de IA como apoyo editorial, cuando tal uso amplifica la claridad y el acierto del autor, no solo es injustificado: bajo un realismo moral robusto es contraproducente, porque priva al lector de un bien epistémico genuino. Lo moralmente cuestionable no es usar la herramienta; lo cuestionable es no usarla cuando su empleo mejora la calidad del conocimiento comunicado.

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